sábado, 12 de agosto de 2017

Molina, el infiltrado

Molina, que se representa a sí mismo superordinariamente bien, ha consultado con lo que le hace de conciencia (que no con las bases, a las que solo acude para dirimir idioteces) y se ha elevado el sueldo actual y el futuro, siguiendo la costumbre del pepoe siguefranquista. Al menos los de Ciudadanos te lo dicen claro: "Si no nos corrompemos, que sea por sueldos que merezcan el gozo". Así que Molina es peor que un joseantoniano de Ciudadanos y no solo igual a un psetero o un pepillete. Es más, se ha creado un "puesto" poltrón caro e inútil para su mismismo donde podrá dedicarse todo el ratón a lamerse las prebendas y a regocijarse por su conseguido jubileo.

Y Molina, aunque se limpie el pompis diciendo que dona ese dinero a la caja común de Podemos, excusa a la que suelen agarrarse los que agarran, no es ya decente ni harina de este costal. En el futuro, si no lo echan, alegará su "experiencia" para seguir siendo caballero mangante. Ya es un infiltrado de la corrupción, un corrupto más, simplemente. Se comienza así y se termina limpiando discos duros. Bastaría que él, y otros como él, no hayan condenado la ya certificada dictadura de Venezuela, donde reina no la izquierda honesta que hay, por ejemplo, en el indio estado de Kerala, sino la corrupción y la venalidad, al igual que en España, donde todavía nos queda un resto de vergüenza hidalga que hay que cultivar como si nos fuera la vida en ello. Pero Molina y compañeros mangantes (por algo provienen de una institución antidemocrática como la universidad, que en el caso de España es doblemente antidemocrática por herencia otra vez heredada) tampoco gastan vergüenza, aunque sí nuestro dinero común. Ahora se lavarán la careta con otras cosas que hagan con nuestros dineros, pero también se apropiarán de un tanto por ciento variable, desde el tres por ciento nacionalista (que algunos llaman siete) al pitufeo y fraude generalizado y autopistas peperas o los cursos y asesorías y corruptelas y sueldazos del socialismo, así como cementos y bancarismos varios, en que participan y pecan todos.

Decía hace unas columnas que hay gente como Enric Marto, al que le gustaba hacerse pasar por prisionero en el campo de concentración de Mathausen, o como Tania Head, la cual se hizo pasar por víctima del 11 de septiembre, que son como una gran mayoría de políticos: infiltrados del propio provecho que se hacen pasar por aquellos que realmente han sufrido. Otros son, por ejemplo, Barreditas y Page, joyitas del socialdiseño pijo. Por no hablar de los que ni siquiera se toman la molestia y saquean simplemente, siguiendo la secular tradición del bandolerismo estatal español: Cospediosa y Rayer, por poner ejemplo de los que no dan ejemplo.

Habrá que ver si UP tiene mecanismos para regenerarse y para autolimpiarse democráticamente (o no, como siempre) de casos como estos que ya empiezan a ser generales o normas. Si no lo hacen, recibirán el castigo creciente de una deserción de gentes y de votos, como ya se ha empezado a ver con la dimisión reciente del Consejo Ciudadano de Podemos (de cuya noticia, por cierto, se han suprimido los nombres... Qué curioso ¿no?)

La ética y la justicia (que no la ley, que es algo diferente) tienen que ser lo primero, y aun lo único, en un partido que se diga heredero del 15-M. Ay, cuánto se echa de menos un Corbin en España.